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Cada verano en Japón tiene lugar un debate sobre el significado de la palabra “perdón”, cuyo resultado suele generar titulares en países de Asia que en la primera mitad del siglo XX sufrieron los indecibles desmanes de parte de las tropas imperiales niponas. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
El 15 de agosto de 1945, el entonces emperador Hirohito dejó escuchar su voz por primera vez en una alocución radial, grabada en un disco de gramófono, en la que anunció la rendición bélica frente a Estados Unidos.
Citó, sin nombrarlas, las bombas atómicas que la semana anterior habían borrado del mapa las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.
“El enemigo ha comenzado a emplear una nueva y cruel bomba, cuyo poder para causar daño es incalculable e indiscriminado”, dijo el monarca en un lenguaje ambiguo y poco legible para la mayoría de sus súbditos.
Con el país colonizador derrotado, en Asia empezaron a surgir movimientos de independencia y brotes de comunismo.
Para frenar el avance soviético en Oriente Extremo, Washington propició el progreso industrial de Japón y obró el milagro económico que, en menos de tres décadas, daba paso a la segunda potencia mundial.
Desde 1954 Japón empezó además a donar ayuda oficial al desarrollo (AOD), sobre todo a los países de Asia, para fomentar el progreso, desarrollar infraestructuras y, sobre todo, como una forma de reparación.
La dadivosa ayuda, sin embargo, no consiguió borrar las amargas memorias del yugo nipón y pedir perdón por las cruentas invasiones se hizo de rigor.
Las declaraciones de los primeros ministros japoneses en las conmemoraciones veraniegas del final de la guerra siguen siendo recibidas con escepticismo y miradas a través de una rigurosa lupa semántica en países como China y Corea del Sur.
Qué términos escoge, cómo los complementa y qué significados subyacentes puede tener la frase completa convierten la función del escribidor de discursos en uno de los trabajos políticos más arriesgados del verano nipón.
El precedente más exitoso de una muestra nipona de contrición hasta ahora tuvo lugar en 1955, bajo el primer ministro de ese momento, Tomiichi Murayama, un socialista que cayó en el poder de un país que desde el final de la guerra siempre vota conservador gracias a una carambola electoral que duró solo dos años.
Murayama expresó su remordimiento “sincero” con un adjetivo que le dio a su disculpa un velo de autenticidad y honestidad.
Entre los sectores más nacionalistas de la política nipona la disculpa pareció desproporcionada e incluso indigna de un país que, según su visión, había liberado a Asia del invasor europeo.
Qué dirá este año el actual primer ministro, Shigeru Ishiba, es la pregunta para la cual los vecinos en Asia preparan ya sus lupas.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.