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Además de admirar su limpieza y su orden, virtudes corroboradas constantemente por los ciudadanos japoneses cuando participan en eventos deportivos internacionales como competidores o como público, los occidentales nos maravillamos por la gran predisposición que tienen los habitantes de este archipiélago para sentarse en el suelo. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Aunque usen asientos, poltronas o sofás, a la primera oportunidad que tienen los japoneses se descuelgan hasta el suelo con su plato, su libro o su pantalla y continúan su actividad sentados en la milenaria —y para ellos súper confortable— postura del Buda.
Al entrar en la casa japonesa es obligatorio descalzarse.
Esta básica costumbre oriental convierte el suelo de cualquier residencia en una superficie impoluta propicia para tumbarse, leer acostado boca arriba o comer o escribir a mano apoyado en una simple mesa baja.
La ceremonia del té, la meditación zen y un sinnúmero de prácticas mundanas, preservan la ancestral práctica de conectar el cuerpo con la tierra durante largos periodos.
Vivir a ras del suelo es un paraíso para los bebés que pueden mirar a los ojos a sus padres sin tener que levantar mucho la vista y, según algunos pedagogos, reciben de esta manera una inyección frecuente de confianza en su desarrollo.
Una simple observación callejera permite confirmar la poca incidencia entre los japoneses del fenómeno de la espalda encorvada, abundante entre los oficinistas del mundo desde mucho antes de que la humanidad entera agachara su cuello ante la telefonía celular.
La razón, parece ser, es el fortalecimiento de la columna vertebral y de otros huesos como consecuencia de sentarse en el suelo sin ningún respaldo desde muy temprana edad.
La lectura que motivó este texto, un artículo del diario japonés Sankei publicado en 2007 bajo el título “Preguntamos a un fisioterapeuta: Sentarse en silla o en el suelo: ¿cuál es mejor para tu cuerpo?”, es una defensa de la sentada en el suelo basada en una entrevista con un profesor de apellido Funami.
Asegura que el suelo es el lugar ideal para mejorar la postura, pues al acostarse boca abajo, el peso recae sobre el abdomen. La presión abdominal ayuda a sostener la columna vertebral y reduce los males lumbares.
A diferencia de las sillas, sentarse en el suelo ejercita las piernas y la espalda y contribuye a una mayor movilidad general, explica el citado profesor.
En TikTok la etiqueta #floortime nos envía a una serie de vídeos de defensores del suelo, entre ellos uno del cómico estadounidense Stephen Colbert que, tirado en el piso de su estudio televisivo, propone el absurdo de “considerar el suelo” como regalo de Día del padre. “Es posible que usted ya tenga uno”, concluye.
*Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.