¿Presiones de Trump “arrojarán” a Colombia y la región a los “brazos” de China?
Del nuevo gobierno de Estados Unidos se esperan posturas más drásticas hacia China y, en algunos frentes, América Latina. En medio de este panorama, Pekín invita a la cooperación; un llamado que la región escucha con interés, pero también con cautela.
María Alejandra Medina
Xi Jinping, presidente de China, está de visita en América Latina, en donde uno de sus principales mensajes ha sido apostar por la cooperación y unir fuerzas contra el proteccionismo. Sus palabras se escuchan a poco más de dos meses del regreso a la Casa Blanca de Donald Trump, quien durante su primera administración le declaró la guerra comercial a Pekín.
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Xi Jinping, presidente de China, está de visita en América Latina, en donde uno de sus principales mensajes ha sido apostar por la cooperación y unir fuerzas contra el proteccionismo. Sus palabras se escuchan a poco más de dos meses del regreso a la Casa Blanca de Donald Trump, quien durante su primera administración le declaró la guerra comercial a Pekín.
Xi participó la semana pasada en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que reunió en Perú a representantes de 21 economías que suman el 60 % del PIB mundial. Desde este lunes, el mandatario chino se une a otros líderes globales en la cumbre del G20 en Río de Janeiro (Brasil).
Pero antes de dejar Perú, tuvo la que probablemente será su última reunión bilateral con Joe Biden, presidente saliente de Estados Unidos. En ella, llegaron a consensos, como la importancia de no delegar las decisiones sobre armas nucleares a la inteligencia artificial. Xi, además, dijo estar listo para empezar a trabajar con Trump.
Actitud de Trump frente a China
Hasta el momento no ha habido señales positivas del lado del republicano en ese sentido: Trump ha dicho que impondrá aranceles del 60 % a todos los productos importados de China y ha designado en su gabinete a funcionarios que apoyan la “línea dura” contra el gigante asiático, como Marco Rubio.
Asimismo, con él en la jefatura de la diplomacia se esperan posturas más duras en asuntos directamente relacionados con América Latina, como la guerra contra las drogas, la situación en Venezuela y la gestión migratoria.
Entonces, cabe preguntarse si mayores presiones contra esta región por parte de Washington fomentarán aún más los acercamientos con Pekín.
Relaciones entre China y América Latina
Para David Castrillón-Kerrigan, profesor e investigador de la Universidad Externado, América Latina enfrenta desafíos en cuanto a pobreza, desigualdad y desarrollo de infraestructura, entre otros, más profundos que antes de la pandemia, cuando Trump estaba en su primera administración. Desde entonces, agrega, América Latina no ha encontrado suficiente apoyo, o con las condiciones necesarias, de los aliados tradicionales en Occidente.
“Otros socios, como China, están llegando a llenar esos vacíos. No es algo nuevo, pero es más álgido ahora, y eso marcará los próximos cuatro años, así hubiera ganado Kamala Harris [excandidata presidencial en Estados Unidos]. Con Trump, hay un factor adicional, retórico y simbólico, incluso racista, que termina llevando a países de nuestra región a los brazos de otros. Trump acelera eso”, dice el analista.
Camilo Defelipe, docente de la Facultad de Ciencias políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana, comenta que con Trump “habrá mayores presiones sobre los socios de China en la región, como Venezuela. El problema es que debilitar a China por este medio de restricciones comerciales y migratorias crearía presiones sociales en los países de la región y migratorias para Estados Unidos y Europa. América Latina se empeñará en evitar que haya posiciones duras hacia la región que conduzcan a estos escenarios”.
El profesor agrega que si bien “China se está convirtiendo en el socio comercial más importante de los países de la región” (el más importante en América del Sur, así como en el resto de la región con excepción de México y Colombia), en América Latina “aún no tenemos mecanismos multilaterales consolidados para establecer compromisos formales, estratégicos, de largo plazo y concertados para crear lo que debería llamarse una región ‘Latino-Pacífica’; es decir, una zona de cooperación en multiplicidad de campos regulada por acuerdos y visiones de desarrollo de largo plazo”.
Lo anterior se ve obstaculizado, además, por el hecho de que la relación con China no es, según él, un asunto de Estado en la mayoría de los casos, sino que “cada gobierno entrante debe actualizarse y generar una comprensión propia sobre China y los caminos a trazar en las relaciones”. Por eso, agrega Defelipe, ni el lazo con China ni instancias como la APEC tienen la “capacidad ni el objetivo de absorber los choques” de las presiones que provengan de Washington.
Impulsando la Franja y la Ruta
La visita de Xi, no obstante, es significativa. Para el profesor, “es el ‘bautizo’ de la Iniciativa de la Franja y la Ruta y una reivindicación de las oportunidades que genera para América Latina”, dice en referencia al ambicioso proyecto chino para fomentar el desarrollo de infraestructura y la cooperación alrededor del mundo.
El megapuerto inaugurado por Xi en Chancay (Perú), a unos 70 kilómetros de Lima, es muestra de ello: su objetivo es mejorar la conectividad comercial con la región.
“Chancay hace visible a la Iniciativa y posiciona a Perú como centro de una región antes inexistente: la Latino-Pacífica. Pero esa Latino-Pacífica no se crea solo importando de Asia, América Latina tiene que mejorar su balanza comercial con China, lo cual implica un reto político inmenso que debería darse desde la concertación regional; otro gran reto”, añade Defelipe.
¿Y Colombia?
En el caso de Colombia, China es el segundo destino de las exportaciones, pero el primer lugar de origen de las importaciones (por encima de Estados Unidos). Las negociaciones para adherir a la iniciativa de la Franja y la Ruta están en marcha. “Sin darle la espalda a Estados Unidos ni aventándose a los brazos de China, el gobierno colombiano busca navegar las aguas turbulentas de la actual competencia entre potencias desde una postura pragmática. La nuestra es una Colombia madura, dispuesta a hablar y trabajar con todos, y que no cae ante falsa dicotomías”, escribió Castrillón-Kerrigan en octubre pasado, a propósito de la visita del canciller Luis Gilberto Murillo a China para afinar detalles de la última fase de negociaciones en la materia.
El lazo bilateral parece fuerte. Un año antes, precisamente, tras el viaje del presidente Gustavo Petro a China, él y Xi emitieron una declaración conjunta en la que elevaron la relación bilateral al nivel de asociación estratégica, algo que, si bien no acarreaba compromisos vinculantes, simbólicamente fue visto como algo “histórico”.
Para Castrillón-Kerrigan, al final, volver la vista a otros aliados distintos a Estados Unidos “nos ha costado como región”, pero nos “beneficia”. Según él, en cambio, Colombia sí parece estar apuntando a una política de Estado en la relación con China y el Pacífico, algo que se inició en la administración de Álvaro Uribe, se fortaleció en la de Juan Manuel Santos, con el impulso de la Alianza del Pacífico, continuó con Iván Duque y ahora toma nuevos aires con Petro.
Otros, no obstante, piden ver la “letra chica”. “Colombia debe aprender de otros países en la región, como Chile y Perú, y evitar que las inversiones Chinas se conviertan en monopolios de algunas industrias. En Lima, por ejemplo, la industria de transmisión de energía está dominada por empresas chinas”, le dijo a la BBC Margaret Myers, directora del programa Asia y América Latina del Diálogo Interamericano.
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