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Un refugio para que la realidad no ahorque 

“Estrellas bajo los pies” (Editorial Panamericana) narra la historia de Lolly, un niño de 12 años que, en medio de complicadas circunstancias, construye un mundo alterno para abstraerse de su densa realidad.

Laura Camila Arévalo Domínguez
15 de febrero de 2021 - 02:00 a. m.
“Estrellas bajo los pies” es el primer libro de David Barclay Moore, quien también es cineasta.
“Estrellas bajo los pies” es el primer libro de David Barclay Moore, quien también es cineasta.
Foto: Liberando Letras

Una de las tragedias de las fronteras y exclusiones es que el “deber ser” de la infancia se cumple en muy pocos casos. La niñez en medio de una familia amorosa que estimule y proteja esta etapa con atención, estimulación, juego y paz, sobre todo paz para ser niño sin saltarse momentos ni procesos ni precipitarse a la adultez, la viven los afortunados que nacen en medio de circunstancias poco comunes: estabilidad económica, o padres preparados para serlo o dispuestos a prepararse, o humanos que se convierten en padres y entienden el impacto de sus actos en los niños. Y son pocos estos casos porque, al parecer y después de tantísimos ejemplos y experiencias y narraciones, el amor no es suficiente o, por lo menos, no el amor que está cargado de posesión, manipulación, egoísmo, culpa y miedo. Y no, no me refiero al amor romántico, sino al que conocemos al nacer: el de los padres.

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Una niñez atropellada fue la que tuvo que vivir Wallace Rachpaul, a quien le decían Lolly. Sus padres estiraron la pita de su paciencia y amor hasta no dar más, y cuando esa pita se rompe, sobre todo por el desgaste y el sacrifico que ocasionan la excusa de permanecer juntos por los hijos, el hastío y la necesidad de liberación comienzan a llevarse todo por delante. Como era de esperarse, se separaron: ella reconoció y ventiló que era lesbiana y se juntó con otra mujer que, por fortuna, respetaba y quería a los niños. El padre, por su parte, salió del hogar a repartir su tiempo entre novias, trabajos esporádicos y uno que otro encuentro con su familia, que lo reclamó hasta resignarse a que aparecía de repente y así mismo desaparecía.

Todo esto en medio de una escasez económica que no daba tregua y que además se vivía en Harlem, uno de los centros de residencia de afroamericanos más grandes de Estados Unidos, que estaba gobernado por pandillas. Grupos a los que poco les importaba si sus enfrentamientos ocurrían en medio de las jornadas de los colegios, a plena luz del día. Al salir, los estudiantes, entre ellos Lolly y su hermano, eran seguidos por los integrantes de estos grupos para reclutarlos.

El libro juvenil Estrellas bajo los pies fue escrito por David Barclay Moore. En su narración incluyó varios desafíos para un niño que no tendría por qué afrontarlos. Los retos, con los que ni siquiera tendría que enfrentarse un adulto (inseguridad, persecuciones, racismo, exclusión), llevan a Lolly a construirse un mundo alterno que pausaba los dolores, la frustración y la incertidumbre. Su vida se volvió especialmente dura después del verdadero drama de su familia: su hermano Jermaine fue asesinado en medio de un enfrentamiento de pandillas en Nueva York.

La pérdida es entonces lo que lo tortura como una “piedra pesada en el centro del pecho, que cada vez se hacía más pesada, mientras miraba el techo, boca arriba, acostado en la cama. La piedra caía lentamente, hasta mi corazón. Como si se hundiera en el barro”. Así lo describe Lolly, para quien la ausencia de su hermano representa un gran vacío y una sensación de orfandad que no se llena a pesar de que sus padres siguen vivos: “Si Jermaine estuviera aquí, yo no tendría miedo de nada. Él era mi protector. Me dolía recordar el momento en que dejó de hablarme. Esta noche era extraña. Un fuerte ventarrón podría empujarme por encima de la baranda de la azotea. Me preguntaba qué se sentiría caer. Malos pensamientos. Malos recuerdos”.

Los temas de este libro son densos, pero a medida que se avanza la luz va apareciendo: las fichas de Lego, la gran afición de Lolly, se convierten en el refugio que él, con una creatividad inacabable y un afán por escapar de la realidad, construye para salvarse. Y entonces también van surgiendo las formas en las que el amor, por más torpe que sea, se manifiesta entre padres, hijos y amigos. Y también se van asomando los intentos de protección y las demostraciones de afecto de maestros que, con métodos que en ocasiones son cuestionables por invasivos y poco efectivos, buscan que el horizonte de este niño se despeje.

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Estrellas bajo los pies reflexiona sobre la cotidianidad. Sobre la vida misma de un niño que, por rutinaria, a veces se presenta leve e insignificante. Se fija en esos pequeñísimos gestos que se tienen con el otro en medio del desayuno, en el que tal vez y sin premeditar, padres separados comienzan a desprestigiarse en medio de su niño, que no tendría por qué lidiar con semejante muestra de egoísmo. Se manifiestan las tácticas de manipulación que el niño ya aprendió y ahora les aplica a sus papás para que hagan algo que quiere o simplemente lo dejen tranquilo en su “Legoverso”, como llama a su universo fabricado en el que se abstrae cuando su vida le está pesando demasiado.

Un lenguaje sencillo lleno de conversaciones entre niños de doce años y los adultos que los rodean para entender cómo la propia humanidad va desarrollándose en medio de la dificultad y la búsqueda desesperada y radical por la esperanza. Un libro para sumarse a un optimismo extremo que florece a pesar y en contra de la certeza de que, tarde o temprano, el tiempo se acabará.

Laura Camila Arévalo Domínguez

Por Laura Camila Arévalo Domínguez

Periodista en el Magazín Cultural de El Espectador desde 2018 y editora de la sección desde 2023. Autora de "El refugio de los tocados", el pódcast de literatura de este periódico.@lauracamilaadlarevalo@elespectador.com

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