Publicidad

Mirar hacia adentro

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Andrés Hoyos
21 de junio de 2023 - 02:05 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Hay una materia que no hace parte de los currículos educativos, a pesar de ser clave: aprender a mirar hacia adentro.

Claro, casi todos los propósitos concretos que uno emprende en la vida implican acciones hacia afuera: terminar una carrera, atraer y hasta seducir a tal o cual persona, ejecutar bien cualquier proyecto y sacar provecho de él, viajar. La lista de lo que queda fuera de nosotros es gigantesca. Sin embargo, una persona pasa más de la mitad de la vida mirando hacia adentro, y no cuento ahí la más misteriosa manera de hacerlo, que es dormir y soñar.

Incluso, la actividad de leer, un libro, un trozo más breve –por ejemplo, esta columna–, bien vista tiene como componente esencial que obliga al lector a mirar hacia adentro. En la página o en la pantalla están las palabras, sí, pero al convertirlas en historias, personajes, versos o ideas, por fuerza uno debe construir en la mente la narrativa que lo ata todo. Cervantes nunca, por ejemplo, presentó un retrato detallado de don Quijote ni nos dijo quién era el modelo de su héroe. Todos los “quijotes” que hoy circulan fueron ideados por pintores y dibujantes a partir de unas pocas palabras de la novela y recurriendo a las imágenes que estas evocan. En ello el contraste con los medios audiovisuales es muy grande. Uno puede procesar y reelaborar lo que ve, pero las imágenes son concretas, imposibles de cambiar a la hora de verlas en secuencia.

Al mirar hacia adentro, lo más normal es construir narraciones y cuentos que suelen involucrarlo a uno o quizá a algún conocido o conocida. Más raro y difícil es imaginar historias que nos excluyen del todo, pues queda siempre la duda mental de ¿qué hago yo allí presenciando esa historia, si no me involucra? ¿Quién me llevó?

A los escritores nos toca el papel de producir secuencias de párrafos y páginas, todas previamente armadas mirando hacia adentro o tal vez hacia un papel o una pantalla. Claro, las manos –con un lápiz, un teclado, incluso las de alguien que recibe un dictado– van convirtiendo todo en un texto, que después se puede y se debe procesar según los hábitos y métodos que uno haya adquirido para hacerlo. Se vale, incluso, darlo a leer a alguien por el camino. Una vez impresa –por ejemplo, esta columna– ya está afuera y empieza su propia vida, una vida que sobre todo consiste en golpear a la puerta de los ojos de los demás para entonces entrar de un modo u otro a participar en la mirada interior de esa persona, con las mil confusiones y cambios que entonces tienen lugar. Cuando un texto funciona es porque logró concentrar un conjunto atractivo y ojalá coherente de significados.

Volviendo a la educación, sobre todo a la escolar, no he visto que a los niños los interroguen sobre cómo miran hacia adentro. Este es un tema que tendría que hacer parte de los currículos. ¿Qué se ve por la ventana de esos dos ojos, querida Leonor?

No se me escapa que existe una forma más tradicional de mirar hacia adentro, sin otro propósito que apaciguar el cuerpo o el “alma”: la meditación. Entiendo que mi tema podría continuar por ahí, aunque por ahora no me apetece meterle al asunto referentes ideológicos, medicinales o religiosos. En fin, no suelo practicar la meditación como tal. Quizás un día de estos me ponga a mirar hacia adentro por esa vía.

andreshoyos@elmalpensante.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Alba(46837)22 de junio de 2023 - 05:55 p. m.
Me gustó, me gustó. Ojalá el autor siga escribiendo sobre la mirada interior, lo hace muy bien
Gines(86371)21 de junio de 2023 - 04:55 p. m.
Interesante el mensaje de tu columna, aunque no comparto lo que expresas del honorable manchego. Dice Cervantes: “frisaba la edad de nuestro hidalgo en los 50 años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza” Con ese “retrato hablado” los pintores y afines nos muestran un caballero de unos 70 años de la actualidad, 50 de comienzos del siglo XVII”
  • D.(cvtsc)24 de junio de 2023 - 07:05 a. m.
    Qué maravilloso aporte, Ginés. Habría que agregar el apodo que le da Sancho a don Quijote, "el caballero de la triste figura", que usó Unamuno para escribir un libro titulado así donde se dedica a explorar todos los pasajes donde se describe a don Quijote.
humberto(4167)21 de junio de 2023 - 04:23 p. m.
Interesante
Atenas(06773)21 de junio de 2023 - 03:02 p. m.
Válida apreciación, Andrés. ¿No fue, acaso, Socrates el q' con tino hace casi 2 siglos y medio propuso su sabía sentencia "Conocete a ti mismo"? Y mira q' pese a tan sabia sugerencia los los bípedos implumes nos hacemos los locos, y más nos aplicamos como dices a lo externo y poco o nada a mirarnos pa'entro. Claro, siempre duele reconocerse uno mismo sus falencias, no en vano x ello el dicho "Uno siempre se rasca pa'entro", o sea protegiéndose.
  • D.(cvtsc)24 de junio de 2023 - 06:58 a. m.
    Es que Apenas compró el apodo en Maicao.
  • Atenas(06773)21 de junio de 2023 - 11:19 p. m.
    Hola, good afternoon, café Buendía, ya verás q’ así como reza la balada “un año no es un siglo” igual pudiera decir, pa mantener la analogía, q’ un milenio es un siglo y quedan las cosas equiparadas, y más cuando se es mozuelo como yo, y no como el catano q’ lleva por pasamontañas un yin. Tqm, Atenas.
  • Gines(86371)21 de junio de 2023 - 06:45 p. m.
    Me acojo al “rapapolvo” de Buendía. Confusión total de atenitas. Siempre es bueno que haya un bufón en este escenario.
  • Nabucodonosor(67500)21 de junio de 2023 - 05:21 p. m.
    Hace casi dos siglos y medio? Vaya, vaya! No sabía que Sócrates fue contemporáneo de Descartes. En fin... La falsa erudición de apenas le juega malas pasadas.
  • Atenas(06773)21 de junio de 2023 - 05:00 p. m.
    Raudo salta Yines de Pasamontaña, y como pa sacarse una dolorosa espina, a intentar hacerme una corrección x un término q’ muy clara/ expuse con cierto aire de duda al poner en mi comentario “acaso” q’ según la RAE tiene como acepción ‘Quizá, tal vez’, y en cuyo caso nada aseveré sin perder la esencia de lo q’ anoté. ¿Cómo te quedó el ojito pese a tener pasamontaña? Con todo, seguí leyéndome así de inquisitivo, atte, Atenas.
  • Gines(86371)21 de junio de 2023 - 04:40 p. m.
    El aforismo griego "Conócete a ti mismo", es el primero que aparece en el templo de Apolo en Delfos. El segundo es: “Nada en exceso”. La autoría del mismo, se la disputan varios sabios de Grecia. Hay que leer más, documentarse más, recuerda atenitas, la sabia frase de Abraham Lincoln: “Mejor es callar y que sospechen de tu poca sabiduría que hablar y eliminar cualquier duda sobre ello”. ¡Lo siento!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.