Soy lunática, admito. Un cachito de luna coqueta me alegra, una luna llena y brillante me estremece e hipnotiza. Puedo quedarme mirándola hasta que se me tuerce el cuello. A mis nietos les enseño a mandarle besos de amor, para que ella se los haga llegar a las personas que queremos y ya están en otra dimensión, mensajera de amor. Se viste de luces amarillas, rojas, naranjas, velada y etérea si la cubre una nube o la niebla. Nunca deja de sorprendernos.
A la Luna le debemos la vida. Cuando, hace millones de años, la Tierra era un enorme océano, la aparición de la Luna y su influencia gravitacional en las mareas dieron origen a las...

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