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El loco del pueblo

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Beatriz Vanegas Athías
25 de enero de 2022 - 05:00 a. m.
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Todo en él ha sido puesta en escena de la guerra interior que ha librado primero contra Antioquia; y luego contra Colombia toda porque le asesinaron al padre en una vendetta que él ha maquillado como un crimen de la guerrilla. Ese tormento, ese duelo no superado desvió su gran inteligencia y al estilo del otro mafioso célebre, la desplegó para crear una inmensa fortuna así tuviera que transformar la tierra de millones de colombianos que lo adoraron en una inmensa fosa común.

Supo entender desde muy temprano de su carrera política que su privilegiada condición de hombre, hacendado, terrateniente y persona poseedora de una pirotecnia verbal lo harían ascender en un país adorador del poder masculino, un país estancado en la moderna esclavitud del señor feudal; un país adorador de Dios. Y se disfrazó de eso: de dueño de la tierra dadivoso para repartir caridad o lo que es igual: miserias -costumbre hartamente católica- y su rostro compungido adobó las palabras corazón grande, mano fuerte, patria y Dios. ¿Para qué más? Si a esos actos y principios ha respondido el país colombiano pacato y camandulero que solo en 1991 saltó al siglo XX. Un país respetuoso de la voluntad de Dios padre y hombre fuerte y adinerado y que ha volteado la cara ante este personaje siniestro que tuvo el poder y la brillantez de modernizar e industrializar al país, pero prefirió convertirse en el verdugo de periodistas, políticos, campesinos, líderes sociales jóvenes, mujeres y colombianos pobres.

Nadie como él para fingirse campesino siendo el terrateniente. Nadie como él para actuar de benefactor cuando era el torturador. Nadie como él para hablar de libertad y de paz usando la guerra como instrumento para conseguirla. Nadie como él para llenar plazas en los que lo aplaudían y se desgarraban de adoración, al tiempo que su soldadesca y su para ejército asesinaba a quien no lo elogiara. Nadie como él para hablar de transparencia mientras se reelegía como presidente de Colombia a través de la fraudulenta modificación de un “articulito” de la Constitución de 1991.

Hoy su nueva puesta en escena dice que ya no es tan querido. Que ya no llena plazas, que le resulta incómoda la vida sin un protagonismo triunfante y ha decidido disfrazarse de nuevo de campesino con sombrero acorde a la región que visita para volantear su imagen. Pero no puede caminar con holgura, lo custodia un ejército, le gritan que es un paramilitar, que es un asesino, que se vaya a disfrutar de sus nietos. Él los enrostra y empieza a gritar y a levantar la mano en un intercambio verbal al mejor estilo de una pelea callejera o de plaza de mercado. Luego publica en su Twitter lo bien que fue recibido en los pueblos donde lo abuchearon. El loco del pueblo con megáfono en mano, me dice una amiga que lo nombran en el pueblo de ella. Pero yo nunca he creído que es loco, porque en ese encono por aferrarse al poder se encuentra su salvoconducto para que la justicia -no sé cuál, porque la colombiana no será- no venga por él y lo haga responder por toda la sangre con la que ha abonada los miles y miles de hectáreas de tierra que él y sus cómplices han expropiado al colombiano sencillo y trabajador que confió, pero ya no lo hace tanto, en él.

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LINA(6ipqe)30 de enero de 2022 - 10:20 a. m.
Qué descripción tan precisa, un discurso bélicoso lo llevó al poder, sembrando en el pueblo colombiano una seguridad a través del poder perpetuado por él, siempre pendenciero. Un disfraz de campesino lo lleva a camuflarse como un camaleón a representar una elites, porque a los campesinos si sabemos que no. Un terrateniente con verbo de pueblo para convencer incautos de la necesidad de una guerra.
Luis(06775)28 de enero de 2022 - 06:11 p. m.
Que Dios le perdone!!!
Leonel(5u51g)27 de enero de 2022 - 06:05 a. m.
Colombia siempre ha sido un país de amos y esclavos, como sabemos el amo dispone hasta de la vida de sus siervos, eso pasa también sabemos que los siervos parecen felices así aunque los maten, así que mi querida columnista tiene usted razón.
María(03544)27 de enero de 2022 - 12:54 a. m.
Maravillosa descripción del "innombrable"
Wilson(f5y1z)26 de enero de 2022 - 10:38 p. m.
"Nadie como él para fingirse campesino siendo el terrateniente. Nadie como él para actuar de benefactor cuando era el torturador"... Más claro no se puede decir. Pero por fortuna nada ni nadie es eterno, estamos viendo el comienzo del fin, hasta sus seguidores políticos ya empezaron a marcar distancias. En buena hora quedan pocos días para las elecciones y el fin de esta época de impunidad
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