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Un recogebolas en un partido de nuestra liga profesional de fútbol cometió una imprudencia. Lo hizo, según confesó, por amor a su equipo. Se trata de un adolescente que claramente se equivocó al ver que su equipo estaba en grave riesgo de recibir un gol. La cosa ha dado para el clásico rasgamiento de las vestiduras de unos y de otros. El hecho, bien mirado, es infinitamente menos grave que la violencia que casi cada domingo campea en los estadios de Colombia, o la feria de la incontinencia verbal y los juicios de valor de ciertos programas deportivos sobre fútbol. Claro que no estuvo bien hecho, porque al parecer el gol parecía poco menos que inminente. He visto el video varias veces y sí había una alta posibilidad que La Equidad se fuera adelante al Huila dos a uno en el minuto 94 del partido. Y no fue así. Por la imprudencia.
Pero nuestros mesiánicos comentaristas deportivos empezaron a especular que de ahora en adelante los recogebolas colombianos podrán seguir la conducta del díscolo recogebolas cuya conducta, por supuesto, es reprochable. ¿Qué nos espera en el futuro?, se llegaron a preguntar, qué vergüenza internacional, aseguraron. Y remataron con el consabido portazo: francamente, no hay derecho.
Yo me pregunto: ¿cuándo había pasado un hecho igual en 75 años de torneo nacional? Que yo sepa, nunca. Si como dijo el muchacho que actuó por amor y solo (por amor siempre se actúa solo), entonces ¿no sería mejor entender su sentimiento y tratar de orientarlo en lugar de señalarlo como el malo de un espectáculo que tiene tantas oscuridades? Estoy seguro de que el joven sabe que no actuó correctamente, que lo obnubiló el enamoramiento. Y estoy seguro además que no les recomendará a sus colegas que hagan lo que él hizo que, insisto, es reprochable. Pero no saquemos las cosas de quicio. Pasó. Y ya. Y con esto no digo que no tenga consecuencias. No es eso. Digo que ojalá no haya perdido el empleo y que uno o dos domingos de suspensión serán suficientes para purgar la falta. Lo otro es resentirlo.
Nuestras escuelas tienden mucho a eso. Y me preocupa. Hacemos de las cosas pequeñas una rampa para nuestras especulaciones morales. Y miramos para otro lado cuando lo grande nos tapa la visión. ¿O es que acaso se podría sostener que si el Huila o la Equidad no clasifican a la siguiente fase es por culpa de un delirio de amor?
Yo no lo creo.
* Rector del Gimnasio de los Llanos.