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"A DEFENDER UN GOBIERNO DE VArones", qué frase tan paradójica.
Varón no es una palabra que se haya usado con liviandad. En eso, al menos, han sido juiciosos los miembros del pasado gobierno, meros machos de verdad, y sólo cuando lo amerita han invocado al falo.
Un motivo tan recurrente como el del varón se puede mirar con más curiosidad de lo que hasta ahora se ha hecho. Además, es mi sospecha que esta alusión será de nuevo utilizada para justificar y explicar decisiones controversiales del gobierno anterior frente a la Corte de la opinión pública.
Hasta ahora, cuando aparece el “varón”, han sido las mujeres las primeras en reclamar, entendiblemente, porque se sienten excluidas cuando sus representantes exaltan cualidades de una masculinidad tan rancia. Sin embargo, sólo reparar sobre lo excluyente, aceptando en principio que es reprochable, no agota la riqueza ni la fuerza de esta expresión.
Me acuso de primitivismo, pues fui uno de los emocionalmente cautivados, como tantos otros colombianos y colombianas, cuando Uribe se enfrentó a Chávez con su proverbial “¡Sea varón!”.
Coincidencialmente ese episodio sucedió en una cumbre en México, la cuna del varón por excelencia, Pedro Páramo. Lo tomo prestado de la ficción de Juan Rulfo, porque Páramo es un personaje que explica bien las virtudes, falencias y tragedias de los varones.
Escribe Rulfo de la relación entre Pedro Páramo y su amada, Susana San Juan, que “él creía conocerla. Y aun cuando no hubiera sido así, ¿acaso no era suficiente saber que era la criatura más querida por él sobre la tierra?”.
Algo similar parece ocurrir entre el gobierno de varones y la amada patria. En sus reclamos frente a las críticas a sus actos hay una gran incomprensión que lleva al rechazo, ¿por qué no es suficiente para todo el mundo saber que lo que hicieron fue con un amor superior a la patria?
Y ese querer, ejecutado por el uribismo de una forma tan pasional que le ha dado todos los visos de ser sincero, es, según Rulfo, “lo más importante”, pues les sirve a los varones para “irse de la vida alumbrándose con aquella imagen que borraría todos los demás recuerdos”.
No es difícil imaginárselo, la defensa de actos ilegales llevada hasta las últimas consecuencias, sin asomos de culpa o gestos de constricción, aun ante los dictámenes más severos de la ley.
Porque si algo es propio de los varones es que no se rigen sino por su propia ley, y eso es lo paradójico de la frase “gobierno de varones”.
Ahora que nos encaminamos a lo que parece ser el fin de esta estirpe en el gobierno, queda por ver cuál será el veredicto del país al que tanto quisieron. ¿Habrá perdón y comprensión a su condición de hombres en vía de extinción o serán juzgados como mortales del montón?
“¿Pero cuál era el mundo de Susana San Juan? Esa fue una de las cosas que Pedro Páramo nunca llegó a saber”, dice Rulfo.
@danielpacheco
