En momentos en que casi todos los países importantes de Latinoamérica eligen presidentes opuestos a los socialismos, resultaría insólito que nombrara Colombia como su presidente a Gustavo Petro o a Sergio Fajardo. Ojalá no se cumpla por acá aquello de que “los países se merecen los gobiernos que soportan”.
Carlos Andrés Pérez fue presidente de Venezuela por segunda vez entre 1989 y 1993. Fue apartado de su cargo por malversación de fondos, los depositaba en cuentas privadas en Nueva York. En Fort Lauderdale, Florida, existía un enorme edificio que se oía decir pertenecía a la familia de Pérez. Reinaban por entonces una severa crisis económica, el descontento popular y la indiferencia frente a la clase política.
El 5 de junio de 1993 lo remplazó en la presidencia el inepto Ramón J. Velásquez. En diciembre de 1993, su ministro de la Secretaría aseguró que “Hugo Chávez saldrá en libertad antes de que Rafael Caldera asuma la Presidencia”.
Caldera cometió un grave un grave error cuando indultó a Hugo Chávez Frías tras su intento de derrocar en un alzamiento militar a su antecesor, Carlos Andrés Pérez, quien, incluso, lo advirtió posteriormente dese Miami: “Hugo Chávez convertirá a Venezuela en una dictadura por culpa de su autoritarismo”.
Similitudes entre Venezuela y Colombia. Economías con crecimiento insatisfactorio. Más del 70% de los encuestados censura la paz de Juan Manuel Santos, así como la dictadura de Nicolás Maduro. El autoritarismo de Pérez, Maduro y Santos socavó sus instituciones democráticas. Fondos hay de los políticos de ambos países invertidos en los “paraísos fiscales”. Hasta la fecha, indulto total de los criminales de las Farc por Santos, a la manera de Chávez indultado por Caldera. En ambos países reinan la incertidumbre, el desconcierto y se contempla la posibilidad de abandonarlos.
No sé si quienes se rasgan las vestiduras cuando se menciona la amenaza castrochavista que se cierne hoy sobre Colombia no consideren como tal hablar de forzar la venta de “tierras improductivas” por medio de impuestos prediales elevados para que, o bien las pongan a producir los dueños, o las “vendan” al Estado para repartirlas entre los campesinos. Que quienes posean dos viviendas también deberán “venderle” una de las dos al Estado.
No pocas “tierras improductivas” en Colombia lo son ante la imposibilidad de invertirles dinero frente a las amenazas guerrilleras y a la competencia desleal del contrabando de alimentos con los dineros lavados del narcotráfico, alimentos que se deberían producir aquí. ¿Quién decidirá la improductividad de las tierras? ¿Quién fijará precios de venta justos en un Estado socialista? ¿De dónde saldrán los dineros para las promesas populistas? No confundamos ventas con expropiaciones solapadas. Con la propiedad privada amenazada y nuestra justicia hoy politizada y corrupta, ya marchamos por la vía castrochavista.
Juan Manuel Santos sí presenta algunas similitudes con Carlos Andrés Pérez, quiera el cielo que no lo reemplace un miope como Rafael Caldera.