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Hay proyectos lógicos, factibles, que llaman; son buenos. Hay proyectos rentables, que pueden ser muy buenos, y hay proyectos delirantes: son los imprescindibles. La librera Alba Lucía Silva y el escultor Guillermo Melo armaron un proyecto del tercer tipo: LibrArte, una tienda de libros y arte monte adentro. El mapa nos da una idea de la ubicación de la tienda (y de la demencia de Silva & Melo):
“A la vuelta de los cerros tutelares de Bogotá, entre los municipios de Choachí, Ubaque y Fómeque, que incluye la vereda La Unión, se ha generado otro polo de desembarco de los habitantes de Bogotá. Tal vez el clima, 1.000 metros más abajo que la capital; la cercanía (75 minutos en promedio) y la posibilidad de huir de la ciudad por una salida descongestionada explican el hechizo de la zona. Primero descendemos por uno de los parajes más bellos de la sabana, luego subimos al páramo y bajamos hasta encontrar una media de 24 °C y una vegetación de una belleza que hasta duele. Todo esto ha convertido la región en el lugar favorito de descanso de los capitalinos”.
En el descenso hacia el Llano proliferan las pequeñas fincas sembradas de emprendimientos que nacieron del ocio y de la “diáspora” de la maldita pandemia, y hoy son negocios perfectamente viables de cultivos de hortalizas, orquídeas, café orgánico, turismo rural, senderismo, avistamiento de aves y captura de estrellas fugaces, y algo que no me explico cómo no se nos había ocurrido: sitios para conversar con desconocidos.
La región cuenta con una oferta gastronómica (perdón por esta palabra tan gastrointestinal) que va desde la fritanga de plaza hasta los platos de alto coturno en el restaurante de la posada Choachimilco en Choachí, la Casa Betelu en La Unión y La Guarida en Fómeque.
También hay lugares para no pensar, como la cascada de La Chorrera y las termales de Choachí, o los paseos de olla en las orillas del río Blanco. Otro encanto de la región son las posadas; las hay para todos los gustos y todos los bolsillos.
Aquí, en este paraíso encontrado, diagonal al recién restaurado puente sobre el río Blanco está LibrArte, un espacio para la cultura en el medio más civilizado posible, un bosque de niebla.
LibrArte es un espacio para encontrarse con obras de arte en pequeño y exquisito formato, y libros escogidos con lupa bradburiana para niños, jóvenes y adultos. En la primera versión de esta muestra habrá una amplia oferta de títulos de editoriales independientes, autores colombianos y libros de los mejores ilustradores del mundo. Mientras paladea un café recién molido y revisa las muestras, curadas con tino y repartidas en los diferentes espacios de la tienda, sus hijos disfrutarán de una biblioteca que parece enclavada entre los árboles. Allí hay de todo, hasta libros gratuitos, como los ejemplares de la colección Libro al viento.
En la muestra de arte hay piezas de Eduardo Emilio Esparza, Rodrigo León, Guillermo Melo, Marcela Sánchez, Jaime Valencia, Rafael Yockteng y Pilar Zea.
Alguien dijo que el artista es una criatura que juega a las escondidas con los ángeles (y con los demonios, por supuesto). Esta muestra prueba que no es una definición apenas retórica.
Este fin de semana y el próximo (11, 12, 18 y 19 de diciembre) LibrArte será “LibrArte en el campo”, una apuesta de turismo cultural en las montañas. La sola lectura del catálogo de los libros me humedeció las yemas de los dedos. En la muestra plástica hay decenas de demostraciones de que el gran arte no está reservado solo para los multimillonarios. Allá nos vemos.
