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A raíz de la noticia de la liberación de las aguas residuales de la central nuclear de Fukushima (Japón), en días recientes se ha usado con frecuencia el verbo «verter». Es preciso, entonces, recordar que esa es la forma correcta del verbo, en contraste con la forma errónea «vertir».
Asimismo, se han usado indistintamente los sustantivos «vertido» y «vertimiento», que comparten la acepción «acción de verter», con la diferencia de que «vertimiento» también es «efecto de verter». «Vertido» significa, además, según el Diccionario del uso del español, «cosa vertida» o, de acuerdo con el Diccionario de la lengua española, el «conjunto de sustancias de desecho procedentes de cualquier proceso industrial». Por cierto, la equivocación con el verbo «verter» probablemente viene de una confusión con la «i» presente en esas formas nominalizadas o en las conjugaciones.
En días pasados, también me encontré con la palabra «olla», entre comillas, para referirse a un lugar donde se concentra el expendio de drogas. Por tratarse de un término asentado (de hecho, está documentado por el Diccionario de americanismos), creo que se puede prescindir de las comillas. No sería, de ninguna manera, la única palabra polisémica: pensemos en el ejemplo clásico de «banco», que es un tipo de asiento, pero también de entidad financiera.
Finalmente, a través del correo, me preguntaron cuál es la forma correcta: «aeropuerto» o «aereopuerto». La diferencia es que la primera (la adecuada) se construye con el prefijo «aero-» —recordemos que los prefijos no son palabras, sino elementos que las componen—, mientras que «aéreo» es un adjetivo, es decir, un tipo de palabra.
