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CIRCULA PROFUSAMENTE POR INternet un video porno en el cual unos supuestos guerrilleros someten a una mujer a los vejámenes sexuales más aberrantes.
Asquean esas imágenes acompañadas de gritos y gemidos de la violada y una música de corte clásico que espectaculariza más tal bacanal: Cinco o más degenerados ultrajan con una violencia feroz y animal a quien supuestamente es Íngrid Betancourt.
Uno no se explica cómo alguien pudo realizar esta “producción” y más aún conseguir una actriz porno a la que le suplantan el rostro para hacerla parecer como la Betancourt. Se trata de un trabajo de muchas horas de photo shop alimentado por la perversión y los más bajos instintos.
No obstante ello, hay quienes dan fe de lo que ven y lanzan comentarios vengativos y venenosos contra tales sádicos (e incluso contra la ofendida), aumentando con ello el clima de intolerancia y polarizando aún más un ambiente en el que —si seguimos así— nunca será posible el diálogo y menos la convivencia.
De lo anterior se concluye la existencia de unas fuerzas macabras empeñadas a lo que dé lugar en generar, propiciar y ahondar los profundos abismos que ya parecen llegar a un punto de no retorno.
Los autores del ignominioso y cobarde video merecen les caiga todo el peso de la ley —si es que existe— . Debe haber alguna manera de investigar y dar con el origen de semejante ultraje que asombraría al mismo Marqués de Sade.
¿Será que por la dignidad y el respeto de la persona humana se rompe esta cadena oprobiosa que sigue y sigue reenviándose? Borren ese libelo. No hay derecho a hacerle el juego a lo más nauseabundo de las mentes torcidas.
