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Es otra suerte de virus. Claro, el alto costo de vida tiene raíces en fenómenos globales, no bien tratados en lo nacional, incrementados por terrorismos de oposición al actual Gobierno y apropiados por algunos sectores de la industria y el comercio, incluso microempresas, emprendimientos y hasta rebusques.
Quizás en estos últimos se aprecia mejor que en ninguno el juego combinado de temor, preocupación y espíritu de avivatos que lentamente nos va llevando a una situación insostenible.
Esa crisis comenzó en tiempo futuro, a manera de presunta precaución justificada por la incertidumbre inicial, pero hoy tiene niveles tan absurdos equiparables a la compra desmesurada de papel higiénico cuando comenzó la pandemia.
Ahora ya se conjuga en presente, con el amparo de alarmistas relatos económicos en medios o redes sin contexto. La excusa no solo es manida sino casi ofensiva: es que todo está muy caro, con ese dejo de falsa inocencia que deposita en los demás el pago de los platos rotos.
Un ejemplo minúsculo de la experiencia personal: una panelita de dulce, que en octubre costaba $700, hoy se consigue en las tiendas de barrio en $1.300 y en los puestos ambulantes en $1.500, porque “todo está muy caro”, pretexto redondeado con chantaje emocional: “Antes se consiguen”, y rematado con: “Se van a poner escasas”.
Y ni hablemos de supermercados de barrio, graneros o famas donde el precio de artículos de primera necesidad varía según el estado de ánimo del dueño o dependiente.
De nada valen el reclamo ni la queja de los usuarios que, como en el caso de los propietarios de carro particular, son los “paganinis” de ese estado de alarma y especulación, sin que haya autoridad ni regulación que intervenga. Víctimas propiciatorias.
Ni siquiera el anuncio de disminución de escandalosos intereses en algunos bancos, que tienen más requisitos que una visa, ha calado para que algo baje de precio.
Un virus, el de la usura, sobre otro virus, el de los rumores, que nos dejó otro virus, el de la pandemia. Menos mal que íbamos a salir siendo mejores seres humanos.
