Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
ENTRE DON MURCIA Y DON MAdoff hay pocas similitudes y muchas diferencias.
Una similitud es que ambos (don Murcia y don Madoff) fueron arquitectos y promotores de pirámides algo más sofisticadas que las pirámides burdas de todos los días, estilo “Dinero Fácil, Rápido, y Efectivo, DFRE”. Otra similitud es que igual que ocurre en toda pirámide, este par de avivatos mandaron con celeridad —y sin tiquete de regreso— la plata de los inversionistas a conocer a papá lindo, o a donde un gracioso en Estados Unidos ha denominado el “Cielo del Dinero” (Money Heaven).
Pero de ahí en adelante las diferencias son numerosas: don Murcia es un jovenzuelo, con mucho más temeridad que experiencia y mucho más carisma que hígados. El gringo, cuya edad suma 70 abriles, tiene más años que criterio y más canas que escrúpulos. A pesar de lo anterior, había sido presidente de la segunda bolsa más importante, la Nasdaq, y asesor de la Comisión de Valores, ambas de Estados Unidos. Don Madoff demostró que no siendo la edad óbice para ser pícaro, era capaz de engañar con impunidad a las autoridades, a sus hijos y a sus empleados, y a algunas de las principales universidades e instituciones de caridad de Estados Unidos.
Para quien escribe esta nota, la principal diferencia entre don Murcia y don Madoff es la estructura y rentabilidad de sus pirámides. Mientras que el de Ubaté diseñó con la asesoría de múltiples abogados (cuyos honorarios sobrepasaban los $1.500 millones) una fachada que le daba a la pirámide un barniz de operación comercial, don Madoff tenía un fondo de inversión de impecable reputación con el cual engañó a medio mundo durante más de veinticinco años. Y mientras que don Murcia ofrecía a los incautos y ambiciosos doblarles y aun triplicarles la inversión en cuestión de meses, don Madoff se limitaba a señalar y demostrar que su fondo tenía rentabilidades consistentes —en las buenas y en las malas— del 10 al 12% anual, que es una cifra superior, mas no alejada de los rendimientos de los Fondos de Fondos (Fund of Funds) tradicionales.
Cualquier persona con dos dedos de frente y algo de malicia se tendría que dar cuenta de que sólo una pirámide, por más apariencia de operación comercial que tuviera, podría dar los rendimientos que DMG prometía. A la inversa, un fondo que prometía rentabilidades sólo algo superior al mercado, como el de don Madoff, necesariamente iba a tener más credibilidad. Los hechos demuestran que mientras don Murcia llegó a captar algo más del equivalente de 1.000 millones de dólares de millares de personas de muy bajos recursos y casi nula educación financiera, derrumbándose su imperio en menos de tres años, don Madoff manejó durante 25 años un fondo que tenía 50.000 millones de dólares cuando cerró y que incluía a buena parte de los principales y más sofisticados inversionistas del mundo.
Y hablando de pirámides, lo que no muchas personas captan es que son los mismos Estados los principales promotores de pirámides, es decir, que los que entran de último son los que les están pagando a los que llegaron primero. Se trata del Seguro Social, en donde la inmensa mayoría de los Estados del mundo occidental les pagan las pensiones y demás beneficios a los jubilados con las contribuciones de los trabajadores activos. El Estado, con el monopolio de emitir, se puede dar lujo de mantener una pirámide. Pero de la misma forma que todo fraude se detecta y toda pirámide inexorablemente se derrumba, los Estados tienen la obligación moral y económica de hacer las reservas de las pensiones de sus jubilados y no seguir edificando peligrosas pirámides. Esta es la tesis de Paul Krugman, el Nobel de Economía.
