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Y ahora la sobrina

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12 de junio de 2012 - 11:00 p. m.
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Unos y otros hacen la salvedad de que los vínculos de la cuñada y la sobrina de Álvaro Uribe con el Chapo Guzmán, el jefe del cartel de Sinaloa, no tienen por qué ser vinculantes con el expresidente.

Si el hecho se ve como un caso aislado o si se presenta dentro de una lista de familiares de otros políticos y prestigiosos colombianos que son investigados o están presos por narcotráfico o parapolítica, podríamos pasar el evento como algo irrelevante. Pero, lamentablemente, en el caso de Álvaro Uribe éste no es el único suceso que enloda su imagen. Todo lo que se destapa alrededor de este personaje que nos gobernó durante ocho años huele a corrupción, a narcotráfico, a parapolítica, a falsedad (falsos positivos, falsas desmovilizaciones). Ministros, consejeros, primos, sobrinas, hermanos, hijos, el padre, amigos, aliados, todo lo que rodea de cerca y le habla al oído a Uribe tiene algo que esconder, algo por explicar a la justicia. Se ha encargado él mismo de echar tierra a su propio pasado: aeropuertos clandestinos, Convivir, abogado de..., etc.

Lo más particular es que las defensas que él siempre ‘trina’ son poco creíbles: clonaron el celular, eran unos muchachos emprendedores, es una venganza criminal contra mi gobierno, “si quieren les muestro la declaración de renta”, “cómo le vamos a creer a las declaraciones de unos criminales”. Se puede hacer todo un glosario de las respuestas amañadas que Uribe se inventa cada vez que se cuestiona su pasado o el de sus allegados. El presidente Santos está en la obligación moral de dar la orden de extradición a las socias del capo mexicano, sin importar la sangre que corre por sus venas, aunque le cueste caer en la próxima encuesta. Obama y la DEA estarán atentos a los resultados positivos de su solicitud, con lo que obtendrá en adelante el apoyo para su actual gobierno y para su eventual reelección. Por lo pronto, de Uribe, sólo le digo que uno no sólo debe ser honesto sino parecerlo.

Gloria Upegui. Bogotá.

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