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El arte de ganar con un solo voto

En cuatro municipios del país la contienda electoral del próximo 25 de octubre no tendrá mayores sorpresas.

Marcela Osorio Granados
23 de agosto de 2015 - 02:11 a. m.
Por tratarse de candidatos únicos, los aspirantes sólo necesitan de un voto en adelante para salir victoriosos en las elecciones de octubre.  / Archivo - El Espectador
Por tratarse de candidatos únicos, los aspirantes sólo necesitan de un voto en adelante para salir victoriosos en las elecciones de octubre. / Archivo - El Espectador

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Un escenario atípico se puede ver en cuatro municipios del país de cara a los comicios regionales del 25 de octubre. A dos meses de la cita en las urnas, en La Jagua del Pilar (La Guajira), La Playa (Norte de Santander), La Salina (Casanare) y Susa (Cundinamarca) ya se habla de ganadores virtuales con cupo casi asegurado en las respectivas alcaldías, debido a la ausencia de rivales políticos que les hagan contrapeso.

Los casos son particulares. En La Jagua del Pilar, por ejemplo, el llamado a reemplazar al actual alcalde, Waldin Soto Durán, del liberalismo, es su copartidario José Amiro Morón, quien logró que su proyecto político fuera respaldado por varios exalcaldes, concejales y algunos líderes comunitarios del municipio más pequeño del departamento.

Hasta hace unos meses parecía claro que la pelea de Morón sería contra el candidato del Partido de la U, Diego Palacio González, quien, sin embargo, se vio obligado a declinar su candidatura a última hora por problemas jurídicos, pues la ley establece como requisito para un candidato a la Alcaldía que sea natural del municipio o por lo menos haya residido en él por un período mayor a un año antes de la inscripción, y Palacio no cumplía esas exigencias.

Con su retiro, al candidato liberal le quedó el camino libre para ocupar el cargo al que ya había aspirado en 2007 y en el que prácticamente ya está montado, si se tiene en cuenta que en la región el voto en blanco nunca ha tenido suficiente fuerza y que el abstencionismo tampoco es una preocupación, pues para las elecciones de 2011 la tasa de sufragantes fue mayor al 80%. Además, la ley no contempla un mínimo de votación o un umbral de participación determinado para que pueda resultar electo. Sin embargo, en el caso de La Jagua la preocupación principal radica en las denuncias y advertencias hechas por las autoridades sobre el alto riesgo de trashumancia electoral, ya que el número de ciudadanos inscritos para votar es mayor al censo poblacional.

Otro caso que llama la atención es el del municipio de Susa, Cundinamarca, donde el rival directo del único candidato, el conservador Óscar Eduardo Rocha, pareciera ser el fantasma del voto en blanco, que ya lo derrotó hace nueve años cuando el entonces candidato favorito, Guillermo Almanza, se retiró de la contienda tres días antes de las elecciones por una inhabilidad y se dio a la tarea de hacer campaña a favor del voto en blanco, obteniendo una victoria contundente en las urnas y dejando a Rocha con tan sólo 511 sufragios.

Sin embargo, Rocha volvió a probar suerte en 2011 como candidato a la Alcaldía, de nuevo por el Partido Conservador, en unas elecciones en las que obtuvo 1.485 votos de 3.583 posibles, siendo superado por Luis Eduardo Robayo, que logró 496 más. El voto en blanco no tuvo tanta fuerza en esa ocasión.

Por los lados de La Playa, en Norte de Santander, el panorama también es peculiar. En un municipio tradicionalmente conservador, de 7.000 habitantes, el aspirante de dicho partido a la Alcaldía, Víctor Julio Claro Lozano, logró un acuerdo con las fuerzas políticas para ser proclamado candidato único, consiguiendo que quienes tenían intención de participar en la contienda se hicieran a un lado. A su favor tenía los resultados de su administración anterior —fue alcalde entre 2008 y 2011—, que le han servido para ser reconocido como un líder comunitario importante. Tan obvia es su victoria que incluso el acto de inscripción de su candidatura fue visto más como una celebración anticipada en la que con caravanas, discurso en la plaza pública y hasta homilía se pregonó el triunfo anticipado.

Situación similar se da en La Salina, Casanare, con el liberal Reynaldo Emel Chaparro, que no encontró quien se le enfrentara en las urnas. Chaparro fue candidato a la Asamblea en las elecciones de 2011 y ganó con una amplia votación. El mayor reto del virtual ganador será tomar las riendas de un municipio que ha sido constantemente blanco de ataques por parte del frente 28 de las Farc y que históricamente ha sido afectado por el conflicto armado. De hecho, La Salina hace parte de los diez municipios de Casanare que, de acuerdo con el Ministerio del Interior, servirán de pilotos para el posconflicto una vez se culmine el proceso de paz entre Gobierno y Farc en Cuba.

Lo cierto es que en cualquiera de los cuatro municipios los aspirantes pueden ganar con tan sólo un voto y el único riesgo que corren es que a último minuto el voto en blanco se les convierta en un obstáculo. Sin embargo, teniendo en cuenta el capital político de los aspirantes y su fuerte influencia en las zonas, se trata de un escenario poco probable, sobre todo si se tiene en cuenta que, para que se produzca un efecto real en las elecciones, el voto en blanco debe ganar con la mitad más uno de los sufragios válidos. Sólo en ese caso se podría citar a una nueva jornada electoral, esta vez con otros candidatos.

* * *

Sigue preocupando la trashumancia

El Consejo Nacional Electoral reveló que a la fecha se han presentado denuncias de 939 casos de trashumancia electoral en 440 municipios ubicados en departamentos como Cundinamarca, Antioquia, Santander, Magdalena, Meta y Atlántico.

Por esa razón el presidente de la corporación, Emiliano Rivera, y el director del Departamento Nacional de Planeación, Simón Gaviria, suscribieron esta semana un acuerdo de colaboración que permitirá un intercambio de bases de datos con información puntual de trashumantes en los municipios denunciados.

El convenio servirá además para evitar la manipulación de inscritos en el Sisbén, detectando los casos atípicos en los que “usan como fachada o cascarón los núcleos familiares ya sisbenizados para ‘adoptar’ supuestos nuevos integrantes”, según explicó Simón Gaviria.

Por Marcela Osorio Granados

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