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Donald Trump genera miedo y amedrenta la posibilidad de diálogo sobre la migración

Tras la reciente crisis entre el gobierno del republicano y el del colombiano Gustavo Petro quedaron unos mensajes claros sobre la mesa: la política exterior trumpista está supeditada al asunto migratorio y, en ese sentido, el margen de negociación para los países latinoamericanos parece ser muy estrecho.

María José Noriega Ramírez
31 de enero de 2025 - 11:00 a. m.
Ante la suspensión de citas por CBP ONE, un migrante espera a las afueras de las instalaciones de la Comisión de Asistencia a Refugiados, en Naucalpan, estado de México.
Ante la suspensión de citas por CBP ONE, un migrante espera a las afueras de las instalaciones de la Comisión de Asistencia a Refugiados, en Naucalpan, estado de México.
Foto: AFP - ALFREDO ESTRELLA
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Arianne Domínguez, una cubana de 24 años, entre los miles de personas que quedaron en el vacío y en medio de la frustración por no poder entrar a Estados Unidos tras la llegada de Donald Trump a la Presidencia, confesó que quedó en shock, que solo pensaba en su familia que se quedó en la isla y aspiraba a que ella sí pudiera cruzar la frontera. “Tocó pensar en el plan B, porque había mucho estrés y desesperación”, y eso incluye, según le contó a la AFP, obtener el estatus de refugiada en México y validar sus estudios de turismo. Ha pasado poco más de una semana desde la posesión del republicano y ya se declaró emergencia en la frontera sur, se anunció el despliegue de 1.500 tropas a ese mismo punto, se canceló la aplicación CBP ONE -que apostaba por crear vías legales para los migrantes-, se revocó la extensión del Estatus de Protección Temporal para 600.000 venezolanos -que les permitía permanecer en Estados Unidos- y se iniciaron los vuelos militares de deportación a varios países latinoamericanos. La política exterior estadounidense está atravesada por el asunto migratorio y el reciente “impasse” con Colombia dejó varios mensajes, entre ellos que los espacios de negociación son estrechos y que, al menos de momento, no parece haber una fuerza regional que les pueda hacer contrapeso a las decisiones del magnate estadounidense.

“Estamos muy lejos de impulsar la Declaración de Los Ángeles, consagrada en la pasada Cumbre de las Américas, en la que Estados Unidos fue partícipe de los procesos de búsqueda de una respuesta regional a la migración y de examinar formas de coordinación en temas de seguridad fronteriza, pero también de acceso a protección y ayuda humanitaria”, dice Maureen Meyer, vicepresidenta para programas de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA). Ella, que también estudia los temas migratorios, cree que esto está tomando la forma de una discusión regional aparte de Estados Unidos, donde se está perfilando un gobierno que podría ser más adverso a las políticas a favor del respeto de los derechos humanos y de la integración. Si bien resalta que existen mecanismos latinoamericanos relacionados con la migración y el refugio, como la Declaración de Cartagena, le es difícil identificar una vocería particular que pueda entrar en un diálogo con Trump al respecto.

Por ahora los países están buscando la forma de entablar ese vínculo, bajo la lupa de sus propios intereses. Las distintas reacciones ante los vuelos de deportación del republicano son muestra de ello. México, por ejemplo, recibió más de 4.000 migrantes y se mostró abierto a un diálogo con su vecino. De momento, anunció el fortalecimiento de sus redes consulares en Estados Unidos, donde cuenta con 53 sedes. También impulsó una aplicación para el celular, ConsulApp, para informar a los migrantes de sus derechos y habilitó un botón de alerta para notificar en caso de una deportación inminente. Eso responde, en parte, a su condición fronteriza. Guatemala, que también ha recibido migrantes deportados en los últimos días, puede estar percibiendo que está en juego el respaldo de la Casa Blanca al gobierno de Bernardo Arévalo, en medio de los enfrentamientos con la Fiscalía de María Consuelo Porras, sancionada por Canadá y la Unión Europea por, según ellos, socavar la democracia y el Estado de derecho. Colombia y Brasil, por su parte, protestaron ante el trato que recibieron los deportados, y la rivalidad con el presidente Gustavo Petro dejó ver no solo que los aranceles son un arma en la política exterior trumpista, sino que las relaciones bilaterales están supeditadas al tema migratorio.

Meyer no cree posible una mayor coordinación regional frente a Estados Unidos, al menos por el momento, y muestra de ello puede ser que la cumbre convocada el jueves entre los miembros de la Celac fue cancelada. Ahora bien, sí cree que esas voces de reparo pueden ser útiles para crear estándares mínimos sobre cómo recibir a los migrantes deportados. Andrew Selee, presidente del Instituto de Política Migratoria, es más escéptico. A su modo de ver, la política exterior de Trump, en su meta de impedir la migración irregular, es unilateral: “Es un giro de 180° con respecto a Joe Biden y no cree en el multilateralismo. El foco no está únicamente puesto en aquellos que están llegando a la frontera, sino en los migrantes irregulares que ya están en Estados Unidos. Están aumentando las aprehensiones de aquellos que viven aquí”. Apenas esta semana, en Chicago, se registró una de las mayores redadas contra los indocumentados. Solo entre el jueves 23 de enero y el lunes 27, período que corresponde a los primeros días de la presidencia del republicano, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas contabilizó un promedio de 710 arrestos.

Las deportaciones desde Estados Unidos no son nuevas. De hecho, los datos de la organización Witness at the Border muestran que los países que más aviones estadounidenses han recibido en estos últimos cinco años han sido Guatemala (1.778, 27 %), Honduras (1.419, 22 %), México (759, 12 %), El Salvador (616, 9 %), Colombia (475, 7 %), Ecuador (407, 6 %) y Haití (337, 5 %). Sin embargo, Selee cree que Trump se está encontrando con una América Latina que quiere ser más autónoma frente a Estados Unidos y que el republicano, en medio de su momento de apogeo, cuando su regreso a la Casa Blanca ha estado acompañado de la firma de múltiples órdenes ejecutivas, no parece estar dispuesto a lidiar con enfrentamientos parecidos al que ocurrió el fin de semana con el mandatario colombiano. En palabras del analista, “él es consciente del poder y lo quiere mostrar. Quiere que los otros entiendan que lo tiene. Estamos viendo que lo económico está supeditado al asunto migratorio, y, en ese sentido, el presidente está dispuesto a poner en riesgo la integración económica y las cadenas de producción del hemisferio con tal de lograr sus objetivos”.

La gran incógnita en medio de esto es Venezuela. Más allá de reconocer a Edmundo González Urrutia como presidente electo, Trump no ha hablado mucho de eso. Es decir, no es solo que su posición amedrenta cualquier posibilidad de diálogo regional, pues está generando miedo a la hora de antagonizar en este tema, sino que aún no hay claridad sobre la agenda política que manejará frente a Caracas. “A diferencia de lo que ha dicho en términos migratorios, contrasta el silencio que ha tenido frente a eso”, afirma María Clara Robayo, investigadora del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario. Ella piensa que involucrar al vecino en esta angosta conversación sobre migración es algo complejo, porque no hay claridad en las relaciones diplomáticas y, tras las elecciones presidenciales del 28 de julio, a partir de las cuales Nicolás Maduro extendió su presidencia por seis años más, a pesar de los reclamos de fraude, Venezuela parece estar cada vez más aislada. El punto clave será qué tanto está dispuesto el gobierno Trump a negociar con el régimen de Nicolás Maduro, y eso atraviesa inevitablemente el asunto de las sanciones que pesan sobre varios sectores económicos venezolanos, como el petrolero. Precisamente, Meyer cree que la tarea, de momento, consiste en tratar de desarrollar una coordinación regional, porque también queda por ver cómo será el financiamiento para apoyar una respuesta humanitaria ante la migración en Latinoamérica.

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Eduardo(34409)31 de enero de 2025 - 01:41 p. m.
Muchos de los presidentes de Estados Unidos, obran lejos de todo escrúpulo ético y moral. Ayer bombardearon Afganistán, nación desértica, con sus gentes en mucha pobreza, las mujeres sometidas al peor de los oprobios. Hoy el fascista Trump, se ensaña contra los inmigrantes, como si la madre de él no hubiese sido migrante y Melania; encontró en los migrantes pobres a quienes podía someter, humillar, desterrar, la hora de los pobres del planeta habrá de llegar, oyen ricos del planeta.
Maria(56068)31 de enero de 2025 - 12:12 p. m.
El monstruo enseñó sus garras lo que amerita la unión entre los países latinoamericanos.

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